Y no hablo del que empezó el gimnasio hace cuatro días.
Hablo de ti, que llevas años.
Que entrenas aunque estés cansado, sin excusas;
Que cada día preparas tus tuppers para el día siguiente;
Que estás harto de oir frasecitas del tipo:
“y para qué comes eso?
¿y no te comerías esto otro?
Te hablo a tí que no entiendes tu vida de otra forma que no sea dejandote los huevos en el Gym cada día;
A tí que mientras estás currando, ya estás visualizando tu próximo entrenamiento;
Que mientras estás entrenando, estás visualizando tu versión mejorada del futuro;
Que no necesitas más esfuerzo ni más motivación…
A ti, que no tienes en mente competir —al menos de momento, o hasta que realmente te veas preparado—, pero que sabes que, con la ayuda adecuada, podrías construir un gran físico digno de un atleta de competición.
Puedes ir con tus tuppers.
Puedes tragarte horas de vídeos en Youtube sobre entrenamiento, alimentación, suplementación y culturismo.
Puedes incluso haber probado cosas que se supone que deberían haberte llevado mucho más lejos.
Y aun así mirarte al espejo y pensar:
Por eso quería que leyeras esto.
Porque dentro voy a compartir contigo muchas de las cosas que me han permitido descubrir hasta dónde podía llevar mi propio físico después de casi 30 años dándole caña a los hierros.
Es gratis.
Solo necesitas dejar tu mejor email aquí abajo, y empezarás a descubir qué es eso que se te puede estar escapando.
Porque esfuerzo ya has puesto de sobra.
Y precisamente por eso hay algo que jode todavía más.
Mirarte al espejo y pensar:
“Después de todo lo que llevo haciendo… debería estar mucho mejor.”
Porque sí.
Puede que tu entorno te diga ¿pero pa qué quieres más?
Seguramente la gente que no entrena te diga que estás grande.
Pero tú sabes perfectamente de qué estoy hablando.
Tú no te comparas con el tío que acaba de apuntarse al gimnasio.
Te comparas con ese físico que sabes que todavía podrías conseguir.
Con ese tío que ves entrenando y piensas:
“Maldito hijo de puta cómo está este cabrón”
“Joder… yo también quiero verme así.”
Ya me entiendes.
Lo que yo hablo es de llegar a llenar el uiforme del trabajo;
De oir como cruje la tela de una camisa en la cena de nochevieja:
De ponerte un polo de manga corta y estallar literalmente las mangas;
Ponerte esa camiseta de tirantes y que se vean bultos y venas por todos lados mientras entrenas.
Te estoy hablando de que nadie vuelva a tocarte los cojones preguntándote
¿y entonces tú vas al Gimnasio?
Como dando a entender que tampoco se te nota mucho.
Porque a mi tabién me lo dijeron en su día.
Y sé que eso jode, y mucho.
Porque los meses pasan.
Y los años…
A veces mejoras.
Después te vuelves a estancar.
Cambias cuatro cosas.
Y terminas regresando a lo que ya conoces.
Hasta que aparece una pregunta bastante incómoda:
“¿Y si estoy perdiendo mis mejores años haciendo cosas que no
me van a llevar hasta donde realmente podría llegar?”
Esa pregunta importa.
Porque el problema no es solamente seguir igual seis meses más.
Es mirar atrás dentro de unos años y preguntarte:
“¿Hasta dónde habría podido llegar si hubiese encontrado antes el camino correcto?”
Te estoy hablando de por fin llegase ese momento en el que pudieras mirarte al espejo y decir:
“Ahora sí. Ahora por fin mi esfuerzo sí empieza a dar resultados”
Y no es que sea mala.
El problema es que son piezas sueltas.
Un ejercicio.
Una rutina.
Un suplemento.
Una dieta.
Un truco.
Un consejo.
Pues eso, piezas sueltas.
Y quizá tu problema no sea que te falte información.
Quizá incluso te sobra.
Lo que puede faltarte es criterio para saber qué pieza utilizar, cuándo utilizarla, por qué y cómo saber si realmente está funcionando.
Porque puedes hincharte a ver videos y videos durante años y seguir exactamente en el mismo sitio.
¿Te suena?
Y esto no tiene que ver únicamente con el gimnasio.
Nos pasamos la vida haciendo cosas porque se supone que hay que hacerlas.
Como borregos.
Y no es culpa tuya.
Está todo montado para que sea mucho más fácil seguir que cuestionarse las cosas.
Para que no te preguntes demasiado.
Para que creas que es imposible salir de donde estás.
Y con el gimnasio pasa exactamente lo mismo.
Quizá llevas años intentando cambiar únicamente el resultado.
Otra rutina.
Otra dieta.
Otro suplemento.
Más comida.
Menos comida.
Más volumen.
Más intensidad.
Y quizá había otra pieza del puzle que ni siquiera estabas mirando:
De hecho, cuando empecé a entrenar era un auténtico flacucho.
Medía alrededor de 1,87 y no llegaba a los 75 kilos.
Nada que ver con el físico con el que probablemente me hayas conocido.
Y durante años también hice muchas de las cosas que “se suponía que había que hacer”.
Porque si todo el mundo dice que algo funciona, lo normal es creer que funciona.
Hasta que llega un momento en el que tienes que hacerte una pregunta:
Ahí empecé a cuestionarme cosas.
A probar.
A equivocarme.
A observar.
A cambiar.
A dejar de hacer ciertas cosas simplemente porque las hacía todo el mundo.
Y, poco a poco, los resultados también empezaron a ser diferentes.
Después vinieron otros objetivos.
Ser policía.
Abrir mi propio gimnasio.
Empezar a crear contenido en YouTube.
Conseguir mi plaquita de +100.000 suscriptores.
Convertirme en culturista profesional.
Competir contra algunos de los mejores.
Estar en tarima con mis ídolos.
Llegar a un Top 5 en el Mr. Olympia Master.
Haber entrenado a 1157 personas entre online y presencial a día de hoy.
Y en definitiva, haber vivido momentos que el luisillo flacucho y acomplejado que con menos de 75 kilos empezó todo esto allá por el año 1998 jamás habría imaginado.
Pero para llegar a cada uno de esos sitios tuve que cambiar cosas.
No únicamente en la dieta.
No únicamente en el entrenamiento.
También en mi manera de pensar, decidir y actuar.
Lo que me ha permitido llegar hasta aquí.
Pero también todo aquello que hice mal por el camino.
Porque mis errores pueden ser incluso más útiles para ti que mis aciertos.
Hablaremos de:
Alimentación.
Entrenamiento.
Suplementación.
Química.
Mentalidad.
Errores.
Experiencias.
Reflexiones.
Cosas que funcionan.
Y cosas que he probado y que hoy haría de una forma completamente diferente.
Y te voy a ser muy sincero mira: no quiero que leas mis emails porque me admires.
No quiero coleccionar admiradores.
Ya tengo redes sociales para eso, y siceramente en este momento de mi vida me dan igual los likes y loc corazoncitos.
No mira, lo que me importa ahora es ser útil para ti.
Lo que yo quiero es reunir a personas que entrenan, se lo curran y quieren utilizar mi experiencia para descubrir hasta dónde podrían llegar.
¿entiendes lo que te digo?
Cada día que te escriba, intentaré venderte algo.
Te lo digo desde ya.
Hay gente que tiene un problema enorme con vender.
Piensan que ofrecer su trabajo es agresivo.
Que molesta.
Que queda feo.
Yo no lo veo así.
Si tengo algo que sinceramente considero que puede ayudarte, te lo voy a ofrecer.
Otra cosa es que tú quieras comprarlo.
Eso es decisión tuya.
Siempre.
Por eso te propongo el siguiente trato mira:
Tú recibirás contenido gratuito.
Ideas.
Consejos.
Experiencias.
Errores.
Reflexiones.
Y yo por mi parte, cuando tenga un libro, una formación, un programa o cualquier otra cosa que crea que puede ayudarte a avanzar, también te hablaré de ello.
¿te parece?
De verdad.
No pasa nada.
¿Cómo lo hago?
Fácil: simplemente introduce tu email aquí abajo y después revisa tu bandeja de entrada.
P.D. Si llevas tiempo pensando que podrías estar mucho mejor de lo que estás, quizá es que haya algo que se te está escapando.
Mira tronquito, entrar no cuesta nada.
Lees. Pruebas. Y decides.
Quizá aquí dentro encuentres una de esas ideas que te permitirrían construir un físico digno de un atleta de competiión, aunque en tu mente no esté competir todavía (o quizá si…)
Pero si no entras…
nunca sabrás qué demonios era lo que te faltaba para haber llegado al siguiente nivel.
Esto ha sido, Consejo de Sensei…